Por qué voy a votar por el Peje

Si comenzamos a ver nuestros problemas de forma más práctica, como parte de un proceso que concierne a la burocracia, a los servicios públicos y a nuestras garantías individuales, lo que tenemos que hacer es hacerles funcionar ¿Cómo? Bueno, hasta ahorita no se ha podido: el sistema se pudre lentamente. Las instituciones se han vuelto una plasta que engorda con los dineros públicos. Fétida, a veces,

El pedo es que cada secretario de alguna institución estatal, director de área y cualquier “servidor público de primer nivel”, es un pinche vampiro al servicio de las verdaderas mierdas grandes, esas a las que les solemos mentar la madre: Elba Esther, Salinas, Fernández de Ceballos y su clientela de élite como Slim y cualquier versión de familia Kardashian de petatiux. Y esos funcionarios de cuello alto, a su vez, tienen otros clientes con los que deben saldar cuentas (sindicatos, concecionarios…) y después,  a plena mitad de sándwich, los “funcionarietes” [solemos ser crueles con ellos, son los que atienden a los ciudadanos y por lo general, la cagan (como la cagan, también, algunos ciudadanos, no pocos diría yo. ambos, buena parte de la clase media del país)]. En el sótano de la dignidad, esas últimas pequeñas larvas lentas y extrañas: La doña que saca copias, el que va a entregar papeles y demás nómina absurda.

No descarto que, bajo el gobierno de Andrés Manuel, esas prácticas no desaparezcan. Pero tengo claro que esos funcionarios de su gabinete, a primera vista y luego ya más de cerca, no demuestran ser pendejos ni gandallas. ¿Por qué no poner a trabajar de verdad a toda esta gente? Si como país (en estrictos términos de vida pública) logramos que el sistema institucional funcione a nuestro favor (tanto dentro de él como servidores públicos como ciudadano que tiene derecho a esos servicios), sólo con eso, ya tendremos un buen trecho mejorado. Neta, será más que una bocanada de oxígeno.

Además, no entiendo ¿se trata de esperar a un ciudadano perfecto, impoluto, imparcial, benévolo, honesto, con el aura angelical que, además, tendrá el clurrículum más impresionante del mundo, un “aura” mística, un gran lider que lo resolverá todo? Esto es cosa entre humanos, no es mitología griega. Este cabrón quiere trabajar. Hay que dejarlo, exigirle y salir de este imposible y asfixiante descontrol institucional, eso nos toca a todos.

Entonces, yo estoy dispuesta a no sentirme aliviada después de las elecciones. Quede quien quede, vamos a exigirle que haga su trabajo.¿Que México despierte? ¡ Ok, pero que no haya  vuelta atrás, y creo que con cualquiera de los otros dos, Peña y Mota, demandarles que hagan su trabajo bien tendrá que ser a putazos. Y la neta qué pinche hueva. Quiero tener mejores cosas qué hacer que andar a los gritos y sombrerazos con la comunidad.

El país neta está por irse por la borda. El pedo es que eso siempre suena medio bstracto y hasta poético y nos imaginámos despeñándonos y tal vez suena bello. Pero eso no tiene nada qué ver con no poder ir al IMSS a que te saquen la muela y sea algo “digno”: sano, de primer nivel, seguro, sin el terror de que el doctor valemadre y la enfermera del terror hagan todo mal y nos despachen malheridos a nuestras casas. Con que divorciarte tenga que ser una pesadilla burocrática o que el mercado que te queda cerca no está bien surtido y parezca moribundo.Con que los pobres ancianos sin hogar se estén calcinando lentamente ante nuestros ojos o que en las secretarías de cultura se la pasen patrocinando espectáculos de mierda. O que las bibliotecas sean cibercafés con dos décadas de atraso tecnológico. Y si vives en el campo, en pueblos, en la costa o en la selva más espesa, ya ni me quiero imaginar… Y se irá a peor.

Uno tiende a olvidar cómo la vida pública se cuela siempre a nuestra vida diaria, a nuestra historia personal. Yo como ciudadana (es decir, como humano en general que no puede abstenerse de salir a la calle o aislarse del mundo y por ello, es un individuo de la sociedad) quiero contribuir a cambiar ese pedo. Ser un obstáculo en la vida de nadie. Y hacer lo que me de la gana sin andarme cuidando las espaldas del “sistema” o seguir haciéndome wey ante sus culeradas.

Una de esas oportunidades es el voto y luego, tratar de llevar el camino lo más despejado posible: sentido crítico y acción.

El Peje tiene madera de servidor público ¿para qué meterle el pie a alguien que quiere trabajar?

“Que el país sea, para poder ser.” <<nosotros le damos la forma

“Si hay imposición habrá revolución” ¿Para qué amenazar? ¿Para qué dar por hecho que muy probablemente se impongan? Mejor anticipar la revolución y hacerla en tiempo real, a través de su puto sistema ¿quieren jugar ese jueguito? Hay que entrarle, ganarlo y recuperar lo que es nuestro.

Si este país continúa en el saqueo absoluto de sus bienes pronto será de ricos vivir como clasemedieros. Y que se agarren los pobres: a esos los quieren exterminar.

La existencia siempre será complicada y la vida una hijoeputés ocasional ¿pero porqué la vida pública, por qué nuestro “soporte de vida” tiene que ser una fuente de cansancio y frustración? Si arreglamos eso, nos será mucho más fácil lidiar con nuestros demonios personales y, mejor aún, concentrarnos en lo que nos de nuestra puta gana sin estar pensando en si la libramos con el varo a fin de mes y si será cuestión de tiempo estar frente a una pistola, en nuestras manos o en las del de al lado.

Tal vez México tiene una oportunidad de librarse de esto, de acomodarse y funcionar mejor con López Obrador. Tal vez no. Pero lo que es seguro es que con el PRIAN no sólo no le irá mucho mejor: se irá a la mierda por completo y eso nos incluye a ti y a mí.

Y si eres anulista, ausentista o existencialista, esto te incumbe también: aunque no votes, lo que resulte de la elección tendrá influencia directa en tu vida. ¿No vale la pena que al menos sepas que fue legítimo? Cuando imponen a un cabrón lo imponen a todos, voten o reboten.

Por eso, la información auténtica de lo que suceda necesitará de difusión. Si la prensa oficial (los medios que decidan sumarse a esa categoría) decide publicar mentiras, que lo hagan. Generemos fuentes de información verídica e informémonos a través de ellas. (Pienso en los periódicos independientes que surgen de reporteros disidentes: este es el momento de hacer periodismo).

CUBRIR las elecciones no es suficiente. Hay que documentarlas, pensarlas, compararlas, medirlas, investigarlas y publicarlas. Tenemos los medios y la cabeza.

Si no ¿quién? El IFE está mudo y aterrorizado, no sabe a quién obedecer.

A LOS FUNCIONARIOS DE CASILLA:

Sé de dos personas chingonas que han sido seleccionadas como funcionarias de casilla. Personas que respeto y en las que confío. Gente que, además, comparte esta frustración. Y la combate no sólo con la tripa. Son de los nuestros.

Desconozco, eso sí, qué tan pesado y dislocante –o, fácil y agradable- sea este proceso para ellas. Pero quiero decirles que cuentan conmigo. Suena cursi, pero quiero preguntarles ¿en qué les puedo ayudar? Tenemos que comunicarnos con nuestros amigos y familiares funcionarios de casilla y conocer su función dentro de las elecciones. Seguro se llevarán una chinga, hay que alivianarlos un poco, lo que se pueda.

 

Y entonces eso, comencemos a articular el Observatorio Ciudadano Electoral “2.0” jeje.

  • Observatorio ciudadano electoral:
  • Documentación recabada por cada uno de los ciudadanos sobre el ambiente en casillas. Se debe distribuir información a través de Internet tan pronto como se pueda.-periodismo escrito y web. Crónicas, entrevistas, encuesta de salida, tuits, notas en FB, blogs, storify, snip.it, scoop, etc etc etc.-Livestreams, instagram, fotografía análoga de revelado rápido, vhs y todo tipo de documentación visual y audiovisual que se genere no importa el formato (TODO SE PUEDE DIGITALIZAR).

SI VAN A “TUMBAR EL SISTEMA” QUE AHORA LES CUESTE TRABAJO: QUE DEJEN AL PAÍS SIN ELECTRICIDAD TRES DÍAS, SI ES QUE PUEDEN.

La cama. El sueño que no te deja despertar

Guión y dirección: Marco Vieyra. Compañía La Nave. Con Clo de la Garza y Medín Villatoro. Creativos: Hiram Kat, Beto Cabezas, Iván Ontiveros, Aldo Ortiz Reyes. Estreno: 15 de noviembre, dentro de la 6° Muestra de Artes Escénicas de la Ciudad de México.

Claudia Solano Sandoval

El Teatro de las Vizcaínas no podía ser mejor foro para esta obra. Su decadencia oculta tras una fachada aceptable es apenas la antesala de La Cama, que se propone cercana al utilizar la parte posterior del escenario y que, para llegar a ella, el público debe abrirse paso entre los restos de lo que alguna vez fue un teatro funcional. Unas butacas sobre una plataforma que se siente endeble, una atmósfera tensa y derruida gracias a la intervención sonora de Hiram Kat y Beto Cabezas (quienes también proveen los visuales) y dos chicos y una chica que ensamblan, claro, una cama, el epicentro.

Mientras el polvo de la ficción escénica termina por asentarse, Medín Villatoro, el silente acompañante de Clo de la Garza, la protagonista de este unipersonal, pasa el micrófono a la audiencia, que apenas masculla un “hola” o bien se prepara y cita unas palabras del libro científico que llevan entre manos. Cuando el micrófono llega a Clo, la historia comienza.

 

A partir de aquí, La Cama muestra su mundo en dos planos que luchan por lograr un equilibrio con un tema como eje: la mujer (Clo es una pero es todas, o como ella dice, “soy un lugar común creado por mis padres”) frente a tópicos de la problemática de género (violencia, igualdad) y algunos más íntimos. Para abordarlos, el uso esos dos planos mencionados. Primero, la riqueza simbólica del movimiento del cuerpo, las acciones que rozan lo performático (pero que terminarán por convertirse en meros artefactos escénicos con la repetición), el aprovechamiento de la utilería y la tensión y contrapeso provocado por la presencia de Villatoro, todos envueltos por una presencia sonora rica y compleja y algunos elementos visuales bien aprovechados. El otro lado de la balanza: cada que Clo comienza a hablar, el trabajo visual y corporal se debilita a causa de lo coloquial de sus palabras; el tono utilizado, que busca realismo y cotidianeidad, pierde frente a lo construido con las intervenciones no textuales. Entonces, tenemos que la obra sólo tiene competencia poética por la mitad. En momentos, Clo parece una chica simplemente traumada, cuyos problemas en lugar de volverla un personaje complejo, al enunciarlos, la personifican como una neurótica cualquiera. Y no es que nos urjan metáforas o peor aún, eufemismos para un tema que necesita ser tratado con veracidad y contundencia, porque estas características habitan en el lenguaje poético que nutre a las partes no habladas de La Cama, pero se diluye por completo cada que Clo desea confesarse. Sus palabras podrían fluir en la misma frecuencia que sus acciones, sin perder la comunicación.

Nos quedamos con algunas escenas cuyo impacto y claridad comunicativa, pero además belleza y emoción, muestran los puntos altos de La Cama, el lugar que como bien se argumenta en el programa de mano, “es la mayor piscina donde se ahogan todos los sueños”. Clo se masturba mientras Villatoro vierte gotas de jugo de naranja sobre una plancha caliente: el sonido, el humo e incluso el aroma acompañan la ruta de éxtasis de Clo; mientras aumenta el ritmo, Villatoro prepara un taco de huevo sobre la plancha que, al final, es el alimento que ambos comparten. Otra más: él surge de una esquina de la cama mientras ella pronuncia una retahíla sobre por qué le encantaría tener una verga y cuando Villatoro se muestra de cuerpo completo, está desnudo con el pene oculto, como si tuviera en su lugar una vagina (o la pose famosamente conocida como “la quinceañera”).

La Cama es una propuesta sólida pero dispar, aunque muy disfrutable por que muchos de sus elementos gozan de singularidad. El trabajo físico de los dos artistas en escena es preciso pero orgánico, natural y la desnudez de elementos frente al buen aprovechamiento del sonido y la iluminación son también parte de sus puntos fuertes. Habrá que verla madurar en temporada.

¡Ah, pobre patria! Apenas se conoce.

Ya no puede llamarse nuestra madre,

sino nuestra tumba, donde, salvo el ignorante,

a nadie se ve sonreír; donde no se oyen

los suspiros, ayes y gemidos que rasgan

el aire; donde el dolor más violento parece

un vulgar trastorno. Ya nadie pregunta por quien

tocan a un muerto, y los hombres de bien

caen antes que la flor de su sombrero,

muriendo sin enfermar.

Shakespeare. Macbeth.

 

 

Este fin de semana, en Guadalajara, culmina la temporada de estreno de Todas las Julias del Mundo, intervención actoral al texto de August Strindberg. Teatro vibrante, joven e independiente, de y para La Perla de Occidente

Información sobre las funciones, click AQUÍ

*Esta crónica se publicó previamente en el diario Milenio Jalisco

Todas las Julias del mundo

La forma se actualizó  pero la problemática continúa vigente. La señorita Julia, texto surgido en 1888 y de estética naturalista y decimonónica, encontró eco en pleno 2011 con esta puesta sencilla, cercana y joven. Los vestidos pomposos y sombreros rimbombantes se sustituyen por coloridos trapos y gorritos de peluche; el vino de conserva por un mezcal “de a mentiritas” y un lenguaje oneroso y retórico por uno como el que hablamos hoy día en la calle, en casa. Lo que no cambia es la sumisión femenina, el estado mental –o mejor dicho, el complejo- de que hay clases sociales que no deben mezclarse y de que la mujer, todavía, carga a solas las consecuencias de malas decisiones tomadas en conjunto. Todas las Julias del mundo traslapa la moralina de la Europa de August Strindberg al día a día de la persignada Guadalajara.

Primero, una entrada con sillas y una antigua consola radiofónica. Casa A la Deriva ya es un pequeño foro independiente en pleno arranque y sus anfitriones están contentos de recibir al público. Una cerveza, un trago de vino tinto, agua o cafecito. Uno espera en la antesala –bien decorada con un telón a la antigüita, bonito detalle simbólico- y ese espíritu cercano surge espontáneo; hay saludos amables entre conocidos y desconocidos que esperan el arranque de la función. Si lo ven llegar en bicicleta, lo invitarán a dejarla dentro de la casa, más seguro.

Entre los asistentes están los actores, ya con esa inquietud previa al arranque de la función. Mientras se accede al área escénica, ellos van y vienen y de pronto, ya están platicando con el público. Con humor, admiten que no hay pomposo telón o tablas sobre las qué actuar; por el contrario, su espacio es reducido y la cercanía con ellos es inevitable. Acudimos a una obra que se construirá sólo con los actores. El hilo sarcástico continúa: cómo montar una obra que requiere los pomposos decorados de la casona de un conde con apenas dos sillas y una mesa bastante viejas. Así, con un paso borroso entre realidad y ficción, y en el momento menos pensado, comienza Todas las Julias del mundo. “El público es nuestra única certeza”, dice uno de los actores y así, en una especie de metaficción, las dos Julias –Mely Ortega y Viridiana Gómez-, los dos Juanes –Alejandro Rodríguez y Adrián Gaitán- y el eje, una Cristina –Edith Castillo-, hacen suyo el texto y dan vida a la historia de una hija de conde, confundida entre su rol social y sus verdaderos deseos, y el mayordomo de su padre, y cómo es que ni pueden, ni saben quererse. Las Julias y los Juanes se turnan las escenas, sus energías y también caprichos rigen el ritmo de la obra; el público se engancha desde dos frentes, el de la trama y el de la peculiar forma en que es narrada.

Y así, sin mayores recursos escénicos, con una transparencia juguetona en términos de producción –si algo de la utilería no sirve, nadie se preocupará en ocultarlo, por el contrario, el incidente se integrará a la escena- y nada más que la energía y talento de cinco actores y una historia que después de apropiársela la liberan frente al público, arranca un nuevo capítulo del teatro independiente de la ciudad, con una casa más para el arte escénico y una nueva generación de artistas sedientos por explorar nuevas formas de comunicarse, acompañados por la experiencia de sus maestros, quienes también buscan modelos distintos de gestión.

Claudia Solano Sandoval

Asistir a una obra es un acto extraño ¿Qué nos mueve a a sisitir a un evento escénico? La respuesta, la da o la quita la propuesta misma

Como público no vinculado profesionalmente a alguna actividad del arte escénico, son extrañas las razones por las que asistimos al teatro. Y si no extrañas, al menos difíciles de aclarar. ¿Entretenimiento inmediato? Tal vez, pero esa razón nunca es suficiente frente a otras opciones menos engorrosas para la mente (y muchas veces, más asequibles para el bolsillo). Recuerdo que en una entrevista Gerardo Trejoluna me explicaba que para él –respecto a los espectadores, al proceso de abandonar la casa para ir a un evento escénico- el teatro era un ritual en comunidad al que asistíamos para una especie de conciliación, “unos prefieren ir a un temazcal, otros, preferimos venir al teatro”. Creo que a partir de ahí, los motivos por los que cada semana me veo de frente a los actores –rodeada, casi por completo, de desconocidos- se aclararon un poco: el hecho escénico, el momento al que asistimos para la creación de una ficción, para darle oportunidad a un mundo inexistente de ser, es el que me atrae inevitablemente. Esa sensación latente de que aquella ficción –a mi gusto, entre menos apegada al mundo cotidiano, mejor- es sólo posible a través del consenso, de la resignación o triunfo de una idea frente a otra en pos de un proyecto y de un reto enteramente colectivo, de un trabajo en equipo pues, me devuelve un poco de esperanza en la especie. No sólo los actos misantrópicos nos van a salvar. Hay, en la colectividad (una de ellas la escénica) indicios para saber que sí podemos sobrevivir los unos con los otros.

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Pero no siempre se da este suceso conciliador, esa especie de magia colectiva en el que es posible sacudirse de la inercia cotidiana para vernos desde otro sitio. No siempre se da ese deleite estético que nos acompaña, incluso, en el retorno al tren cotidiano. ¿Qué sucede cuando, como dice el maestro Jorge Dubatti, el teatro no teatra? Vaya, no cuaja. Además de que aplaudimos por costumbre, de que bostezamos un par de veces y, cuando las cosas van de plano por el camino incorrecto, dormitamos en plena acción, nos sentimos defraudados. ¿Qué hacer en estos casos? ¿Qué aplica como público? ¿Como medio de comunicación? ¿Guardamos silencio esperando que la obra salga pronto de cartelera o les decimos a cuantos conocemos que ha sido un bodrio? ¿Qué lo hace un bodrio?

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Los que alguna vez han incursionado en los menesteres de la crítica teatral recordarán que en varias propuestas teóricas hay algunos puntos básicos a considerar (solvencia técnica, tratamiento del tema, propuesta de dirección, etcétera) aunque no es necesario estar empapado de teoría para percibir el tufillo de la mala cocción de una propuesta escénica.

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Esta semana, lunes y martes, acudí al Centro Cultural del Bosque a ver teatro así, sin más. Desconocía la cartelera, pero había funciones. Ambas experiencias fueron frustrantes y soporíferas, y las que me lanzaron a esta reflexión.

La primera fue Homicidio imperfecto, una obra cuyo programa de mano augura “una estética propia capaz de transgredirnos y abrirnos a nuevos horizontes de creación”. No sé en qué horizontes andarían antes los integrantes de Teatro de los Efímeros pero difícilmente imagino cómo un nuevo “horizonte” puede derivar en una especie de refrito contemporáneo y tropicalizado de una novela de suspense de Agatha Cristie. Este básico rompecabezas de cuatro actores y una fantasma de cuerpo presente que sólo abre la boca un par de veces para decir las líneas más insulsas (una de esas ocasiones, la asesinada abrió brevemente los labios para reclamarle a un ex amante el que buscara una novia que fuera como su mamá) era unido por lugares comunes mas o menos disfrazados, que se encarnaban en cuatro personajes cuya psique pretende ser diseccionada en escena. Al parecer, sus mentes están hechas sólo de la frustración que les provoca una misma persona.

Me preguntaba todo el tiempo qué hacía ahí, contemplando una especie de versión experimentaloide de C.S.I. a la chilanga. Las personas en las butacas contiguas bostezaban y cada y cuando se reacomodaban en su espacio. Al terminar la obra (que culmina de sopetón con el absurdo intento de inmolación de una de las actrices) el club de fans de Miguel Conde, a quien reconocí de las telenovelas, se desvivió en aplausos. Lo esperaron al final, a ver si conseguían su autógrafo.

Al día siguiente, Me llamo Rachel Corrie. La velada se inauguró con una escenita ridícula provista por Nailea Norvind, otra de las telenovelas, quien se pasó a la fuerza al foro –seguida por una chica de unos quince años- haciendo una entrada triunfal y atormentada a una obra que ya había comenzado. Pero esto como mero adorno.

La obra –cuyo texto en el programa de mano es de Rodolfo Obregón, cosa que noté apenas hoy y que me desanima un poco- comienza como la presentación de una gringuita medio rebelde, medio comprometida socialmente, medio cursi y medio desabrida que, en el momento menos pensado, decide viajar hacia la Franja de Gaza, junto a una asociación civil, para conocer de frente las consecuencias de la política de su depredadora nación. La cosa entonces se convierte en una especie de diario de Ana Frank de la década pasada, en una estampa de Hallmark medio glorificadora y tras mucho esfuerzo, sólo pude rescatar de la función que la señorita Rachel Corrie, quien habitó este mundo entre 1979 y 2003, era una suicida que no pudo con la culpa de toda una nación y terminó por entregarse al absurdo de la guerra que se empeñó en criticar. Eso, con tal de no verla como una mártir, por que ese trabajo prefiero dejárselo a las instituciones religiosas y no al teatro. Lo demás, lo que cuenta la actriz María Inés Pintado a manera de diario íntimo-crónica periodística-entusiasmo de Organización No Gubernamental es un vaivén de deseos femeninos, datos duros sobre el conflicto Israel-Palestina y anécdotas para sensibilizar a la audiencia respecto a ese tema.  Lo otro, la propuesta de dirección, bastante pasiva: una cama que se convierte en escombro, sonidos de bombas y luces chillantes cada que suenan y una actriz que no utiliza gran cosa más allá de los tonos que requiere su narración.

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Y al final, creo que cuando uno se encuentra  de frente al fenómeno escénico, sin ser un versado en elementos teatrales o alguien con formación en este arte, y comienza a imaginar otras formas en que podría contarse lo que dicen los personajes, a fantasear con otra escenografía y de pronto la mente se encuentra en otro sitio, a lo mejor provocado por lo que ve pero reconfigurado a su gusto, a un hubiera totalmente imposible, es ahí cuando sabemos que algo no está bien, que algo no teatró. Esta inquietud, este abandonar la butaca con la mente adelantándose al siguiente paso (¿con quién me veré para los tragos esta noche? ¿qué desayunaré mañana? ¿todavía alcanzo metro?) quiere decir que algo falló desde el proceso, y que nuestra presencia no es suficiente para compensar esas fallas. Y es cuando la pregunta que da el cierre final a las elucubraciones post-teatro surge: ¿qué vine a hacer aquí? Por lo pronto, la obra no nos dio una respuesta.

Claudia Solano Sandoval

La obra de Sarah Kane (Inglaterra, 1971-1999) parece encontrar en México un nuevo impulso. En cartelera, entre DF y Guadalajara, dos de sus obras. Además, otro de sus textos encontró hogar en una ópera multimedia

Guadalajara

M: Me parece que ya es suficiente abuso

C: Gusanos por todas partes

B: No hay nadie como tú

C: Cuando miro algo realmente muy de cerca, veo el hervidero de larvas blancas

A: El negro replegándose

C: Abro la boca y veo que yo también estoy llena, se arrastran por mi garganta

B: Algo pasó

A: Totalmente pasmado

C: Intento sacarlo pero se hace cada vez más y más largo, sin fin. Así que me lo trago y finjo que no está

B: Imperceptiblemente lento y al instante

A: Nada espectacular

B: Vuelvo una y otra vez

A: Un horror tan profundo que sólo un ritual podría contenerlo

 

Ansiedad (Crave). Director: Miguel Vázquez. Grupo Se busca… Teatro. Elenco: Viridiana Gómez, Alejandro Rodríguez, Guillermo Íñiguez y Elizabeth Sánchez.

Miércoles y jueves de octubre, 20:30 h. CASA INVERSO. Santa Mónica 256, esquina Garibaldi. Boleto: $90 general; $60 estudiantes, maestros y adultos mayores.

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para lograr objetivos y ambiciones

para superar obstáculos y alcanzar un alto nivel

para incrementar la autoestima a través del ejercicio exitoso del talento

para superar la oposición

para tener control e influencia sobre los demás

para defenderme

para defender mi espacio psicológico

para reivindicar el ego

para recibir atención

para ser vista y escuchada

para excitar, sorprender, fascinar, impactar, intrigar, divertir, entretener o tentar a otros

para ser libre de las restricciones sociales

para resistir coerción y constricción

para evitar el dolor

para evitar la vergüenza

para borrar la humillación pasada por la acción resumida

para mantener el respeto por sí mismo

para reprimir el miedo

para sobreponerse a la debilidad

para pertenecer

para ser aceptada

para caminar junto al otro con placer recíproco

para conversar de manera amistosa, para conquistar historias, intercambiar sentimientos, ideas, secretos

para comunicar, para departir

para reír y hacer bromas

para ganar el afecto del Otro deseado

para unirse y permancer leal al Otro

para disfrutar experiencias sensuales con el Otro

para alimentar, ayudar, proteger, confortar, consolar, sostener, cuidar o curar

para ser alimentada, ayudada, protegida, confortada, consolada, sostenida, cuidada o curada

para formar una relación mutuamente disfrutable, duradera, cooperativa y recíproca con el Otro, con un igual

para ser perdonada

para ser amada

para ser libre

 

4.48 Psicosis. Director: Luis Manuel Mosco Aguilar. Rojo Rasante Teatro. Elenco: Paula Hernández y Andrés David.

Sábados, 20:30 h. Domingos, 18:00 h. Hasta el domingo 23 de octubre. TEATRO EXPERIMENTAL DE JALISCO. Calzada Independencia s/n, núcleo Agua Azul. Boleto: $100 general; $80 estudiantes, maestros y adultos mayores.

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Distrito Federal

SOLDADO.- Fuimos a parar a una casa en las afueras. Ni dios. Excepto un niño escondido en un rincón. Uno lo llevó fuera. Lo tumbó en el suelo y le disparó en las piernas. Escuchamos un grito en el sótano. Bajé. Había tres hombres y cuatro mujeres. Llamé a los otros. Sujetaron a los tíos mientras me las follaba. La más joven no tendría ni doce años. No lloró, se dejaba. Le di la vuelta… Entonces se puso a gritar. Hice que me limpiara los bajos. Cerré los ojos y pensé en… Disparé a su padre en la boca. Los hermanos gritaban… Luego los colgamos a todos del techo por los huevos

Arrasados (Blasted) Ópera multimedia en cinco actos. Dirección: Rogelio Sosa y Anajosé Aldrete.

Sábado 22 y domingo 23 de octubre, 18:00 h. CENTRO NACIONAL DE LAS ARTES. Río Churubusco y Tlalpan (Metro General Anaya). Boleto: $120.

 

¿QUIÉN ES MACBETH? De William Shakespeare. Director: Medardo Treviño. Grupo Norte Sur Teatro (Tamaulipas).  Elenco: Víctor Arellano, Mónica Gómez, Taydée Hernández, Carlos López, Armando Garrido, José Luis Navarrete, Gilberto García.

Jueves 13 de octubre, 17:00 y 20:30 h. Viernes 14 de octubre, 17:00 h. TEATRO JULIO CASTILLO. Reforma y Campo Marte. CENTRO CULTURAL DEL BOSQUE. (Metro Auditorio). Entrada libre. Se recomienda llegar mínimo 30 min. antes de la función. Dentro del ciclo OTRAS LATITUDES. Se presentará en función doble junto a LA CASA DE BERNARDA ALBA, con la Compañía de Teatro del METRO (Tamaulipas).

Es Shakespeare, pero también es México. Es poesía, pero también es víscera. ¿Quién es Macbeth? Resurge para secuestrar, de nuevo, la mente del espectador

Ya eran tiempos violentos, aunque no más que los de ahora. El impacto de ¿Quién es Macbeth? propuesta visceral del grupo tamaulipeco Norte Sur Teatro continúo después de las funciones que algunos afortunados lograron apreciar en la XXXI Muestra Nacional de Teatro, celebrada la víspera del invierno 2010 en Guadalajara. Y es que en las mesas de diálogo, dispuestas para hablar sobre estética, los caminos de la conversa siempre derivaban en la situación de violencia en México, padecida casi exclusivamente, en aquel entonces, por los estados al Norte del país. Ahí nos enteramos que Norte Sur Teatro debió montar ¿Quién es Macbeth? casi en secreto, como una postura de resistencia. Su elenco recordaba una noche en la que un comando armado de la policía estatal irrumpió en la bodega de ensayo porque consideró sospechoso que un grupo de jóvenes se reuniera, al caer la noche y de manera reiterativa, en dicho lugar. La escena inicial, la manera en la que son recibidos los espectadores, bien podría ser una recreación de aquellos hechos.

 ¡Prepárate, perro del infierno, prepárate!  

Medardo Treviño, director, prefiere una traducción fiel al texto de Shakespeare. Los actores hablan en ese tono isabelino, las situaciones refieren literalmente al reino de Escocia y la tragedia es respetada al pie de la letra. Pero no hay trajes rimbombantes, escenografía recargada y, jamás ni por asomo, olor a viejo. Treviño y su elenco (que ofrece una prueba de resistencia como pocas y a la cual arrastran al espectador con los 100 minutos de duración sin cortes ni intermedios) cambian esa visión tradicionalista por un bombardeo de paranoia, violencia, huesos, sangre, carne, pánico y claustrofobia tan grueso que no hay un minuto para el respiro. La violencia en el texto original se transforma en una hipérbole escénica rayana en la locura, asfixiante.

Sí, ¿Quién es Macbeth? es exagerada, es ruidosa, prefiere los extremos. Pero es justo ahí, en ese territorio esquizofrénico, que la tragedia shakesperiana colisiona, para fusionarse, con la realidad mexicana, sin referencias obvias, sin intertextos. Esa sensación apabullante de impotencia, transmitida por la voracidad sin freno de sus protagonistas y el sentido, completamente roto, de patria, gritan México sin decir nombres.

 Y es por eso, y por la creación de un mundo absolutamente descarnado pero autónomo, por la experiencia cuasi performática a la que arrojan al espectador, por lo que ¿Quién es Macbeth? es una vivencia imprescindible. Vale meterse al calabozo tóxico en el que se convierte el foro teatral en cada función y abandonar deleitado, o completamente asqueado, ese territorio extraño. Esa Escocia tan mexicana.

Claudia Solano Sandoval

Tomada de www.ateodios.com

De nuevo, Olmos de Ita aborda la pederastia. El texto, en manos del grupo costarricense Sotavento, se transforma en una apuesta interdisciplinaria que equilibra fondo y forma

Es un territorio enrarecido, atípico: actores que la mayor parte del tiempo parecen desnudos, sin estarlo, gracias a completos leotardos color carne; apenas algo de mobiliario, pequeñas videocámaras, un par de micrófonos y algunos artilugios de utilería que se transformarán, al paso, en metáforas vivas. Esto, para contar una historia de anécdota convencional: un reportero tras los pasos de un presbítero pederasta que, luego de siete años en prisión, retorna al terruño ¿La finalidad? Una entrevista íntima que completará un gran reportaje sobre la pedofilia en la institución católica.

Una música karaoke, que fue antecedida por una onírica mezcla de risas infantiles, cantos gregorianos y una guitarra crepuscular, rompe el extraño cuadro inicial: “Touch me”, de los Doors, se acompaña de coros y coreografía de todo el elenco. La primera de varias canciones por venir.

Lo que sigue, con un hilo narrativo fragmentario pero contundente, es la creación de varios mundos que conviven en un mismo escenario: la acción prevalece sobre la narración y mientras un personaje cobra vida, el resto de los artistas mantienen el pulso con pequeños artefactos escénicos que ya bien contrapuntean o armonizan con la intervención de los personajes. Así, los actores se vuelven niños que dan su testimonio sobre su experiencia con el padre O’Connor, -nombre del presbítero al que persigue el anónimo reportero-, en los padres que poco a poco aterrizan su declaración en la verdad inalterable (sus niños han sido abusados sexualmente en su propio hogar), los empleados de un periódico, un editor voraz… Cada palabra proferida por estas personas lleva verdades como puños; al fin y al cabo, Olmos de Ita preparó esta dramaturgia desde el seguimiento a textos periodísticos en torno a la pedofilia en la institución católica. El contrapeso a recibir, aunque ya teatralizados, datos como que el padre violó a una niña con síndrome de down y a un nene sordomudo; o bien mediante la multimedia –presente, sin sobreponerse a lo escénico, durante toda la obra- leer sobre una bebé de meses con desgarro vaginal, llega con una visión vanguardista sobre lo escénico que se postra con naturaleza: hay muchas canciones y coreografías, trazos casi absurdos (pero a la larga, significativos) y un uso del cuerpo que obedece a la abstracción. Así, intercalado el golpe con un “descanso” escénico, la historia avanza.

Sotavento –que trabajó su propuesta junto con el dramaturgo- se toma el tiempo, también, de darle profundidad a otro personaje clave, el reportero, a quien se le salva de se retratado con un tufillo a lugar común apenas por un pelo (el periodista de mentalidad avejentada, resignado a no sobresalir, fracasado en sus aspiraciones, borracho, amoral) pero que finalmente se transforma en vehículo de un discurso paralelo: el periodismo decadente que encontramos en los quioscos de todo el mundo, cómplice, en gran medida, de lo que denuncia en sus páginas. De ahí que en el transcurso de la obra, el actor que da vida al reportero (y que siempre permanece con este vestuario) preste, en algunas ocasiones, voz al padre O’Connor.

El resultado completo es de mucha riqueza: mientras el fondo, una historia sin buenos ni malos (cada pieza del rompecabezas es mostrada sin maniqueísmos) pero plagada de víctimas, es contada con precisión emocional y un sustento vinculado con la realidad, la forma en que se nos es presentada se acompaña de mucho placer estético. La obra se percibe actual y orgánica y es una muestra de que la interdisciplina y la experimentación con la multimedia, bajo una buena dirección y artistas completos, sirve hasta para contar las historias más agresivas sin despojarlas de su coherencia narrativa y su contundencia emocional. Al final, la conexión con Ateo+Dios se logra por ambos frentes, y el mensaje llega a través de un lenguaje original.

Claudia Solano Sandoval

Más sobre Ateo+Dios: www.ateodios.com

ATEO+DIOS. De Enrique Olmos de Ita. Director: Gustavo Monge. Compañías Sotavento (Costa Rica) & Neurodrama (España). Elenco: Antonio Rojas, Amanda Rodríguez, Miguel Ángel Hernández y Lady Montero. DF: Se presentó en el Teatro La Capilla dentro del ciclo Iberescena y en el Teatro Julio Castillo (Centro Cultural del Bosque) dentro del programa Otras Latitudes. GDL: Se presentó en el Teatro Experimental de Jalisco. Septiembre-Octubre 2011.

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